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Editorial > Archivo de Editoriales ![]() Buenos Aires, domingo 25 de julio de 2004
A Dios rogando......y con el mazo dando... Así dice un antiguo refrán que nos habla de ese equilibrio necesario que debe darse entre la acción y la Oración, ese “obrar como si todo dependiera de nosotros y rezar sabiendo que todo depende de Dios”. Dios es capaz también de darnos aquello que nos parece imposible, aún cambiando el curso previsible de los acontecimientos. Dios nos escucha y se interesa por lo que necesitamos, y lo suficientemente poderoso para concedernos lo que necesitamos, y lo que es mejor para nosotros....y con el mazo dando... Así dice un antiguo refrán, que mucho utilizamos en nuestro país, y que nos habla de ese equilibrio necesario que debe darse entre la acción y la Oración, ese “obrar como si todo dependiera de nosotros y rezar sabiendo que todo depende de Dios”. Muchas veces Jesús en el Evangelio nos invita a que recemos, que roguemos, que pidamos, y que lo hagamos sin miedo ni demoras, que sepamos insistir. Llega incluso Jesús a decir a sus discípulos que muchas veces no consiguen lo que piden por no saber pedir bien, por no ser insistentes y por no “saber pedir en mi nombre”. El hecho de saber pedir en nuestra Oración y la insistencia a la que nos invita Jesús, nos habla de un Dios Padre que nos escucha y se interesa por lo que necesitamos, y lo suficientemente poderoso para concedernos lo que necesitamos, y sin dudas lo que es mejor para nosotros. También debemos tener en cuenta que Dios es capaz también de darnos aquello que nos parece imposible, aún cambiando el curso previsible de los acontecimientos incluso produciendo lo que conocemos como milagro, lo que por allí debiéramos preguntando si en un mundo tal como lo conocemos, con la ciencia y la técnica, hay lugar para el milagro. Es un hecho que los milagros son posibles, los hubo, lo sabemos sobre todo por la Fe, y quizás por tantas experiencias que conocemos. Pero es claro que debemos evitar creo yo, dos extremos: por un lado el de quienes creen que Dios mira la marcha de los acontecimientos sin poder intervenir ni alterarlos en lo más mínimo; y el de quienes crean que todo se mueve a fuerza de oraciones, rezos y promesas, y que si un enfermo no se cura, un incendio no se apaga, o algo no se consigue en el tiempo y la forma que uno piensa es porque no se pidió bien y por eso Dios no “hizo el milagro”, es decir, aquellos que quieren que todo sea a fuerza de milagros, y si no le “echamos la culpa a Dios”. Ni una cosa ni otra. Cuando un cristiano pide a Dios, su actitud no debe ser la del “hechicero” que pronuncia sus fórmulas para obtener la lluvia, la curación de un enfermo o no se que otra cosa, porque en este caso el hechicero está confiando en la “fuerza de sus palabras”; en cambio el cristiano apela al “amor de Dios” y se entrega con confianza en sus brazos, sabiendo que Dios es un Padre bueno que conoce todas sus necesidades y le dará lo mejor, como un buen Padre que no le da todo lo que su hijo le pide, sino principalmente lo que sea mejor para su vida y que no le haga daño. La clave entonces es ser insistentes al pedir, hacerlo con confianza y también “saber pedir”. No me va a conceder Dios todo lo que yo pida, si lo que pido es algo que me lleve a cumplir mis deseos egoístas, violentos, etc., todo lo que pido debo hacerlo con un corazón ordenado, sabiendo que eso que pido en última instancia es para poder vivir mejor el sentido de mi vida que en definitiva me lleva a “vivir como Dios quiere”.
El Padre Oscar Pezzarini nos hace pensar con sus reflexiones en "Diálogos de Buena Fe" el programa radial de la Fundación Felices los Niños en Radio Belgrano, AM 950 kHz, los sábados y domingos de 6 a 8 horas de la mañana.
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