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Archivo de Editoriales

Buenos Aires, Domingo de Pentecostés, 27 de mayo de 2007

Padre Oscar Pezzarini
Padre Oscar Pezzarini

El Espíritu Santo nos rejuvenece

Estamos ya en el tiempo final de la Pascua, estos cincuenta días que hemos transitados desde la Resurrección de Jesús, hasta la celebración de Pentecostés, la Venida del Espíritu Santo, la Tercera persona de la Santísima Trinidad, la “fuerza” que Jesús, junto al Padre, nos envía para asistirnos en nuestro caminar por este mundo. El Espíritu viene en nuestra ayuda, nos fortalece y sobre todo “rejuvenece” nuestra vida cristiana, ya que no debemos olvidar que así como hay un “envejecimiento” biológico, que nos va dejando “huellas” en el cuerpo, hay otro envejecimiento que no depende precisamente de la “cronología del tiempo” que va pasando, sino que es el que nos va dejando “huellas en el alma”, es lo que podemos llamar “vejez espiritual” y que nos puede llegar en cualquier momento, aún en medio de nuestros jóvenes años. Esto se manifiesta precisamente cuando vamos perdiendo nuestras motivaciones, nuestras ilusiones en la vida, cuando las verdades de nuestra fe como que se van transformando en algo “muerto” y no nos entusiasman. La fortaleza que nos trae el Espíritu nos hace ser testigos de que no tienen miedo de mostrarse como seguidores de quien ha dado su vida por los Hombres, como tantos hombres y mujeres que a lo largo de la historia pudieron mantener su “juventud espiritual” y entregarse al servicio de los demás. Este es el testimonio que hoy necesita nuestra sociedad.

Estamos ya en el tiempo final de la Pascua, estos cincuenta días que hemos transitados desde la Resurrección de Jesús, hasta la celebración de Pentecostés, la Venida del Espíritu Santo, la Tercera persona de la Santísima Trinidad, la “fuerza” que Jesús, junto al Padre, nos envía para asistirnos en nuestro caminar por este mundo.

El Espíritu Santo, alguien de quien oímos hablar tanto, que tanto nombramos e invocamos, pero ¿sabemos realmente que produce en nosotros su venida, su presencia?

El Espíritu viene en nuestra ayuda, nos fortalece y sobre todo “rejuvenece” nuestra vida cristiana, ya que no debemos olvidar que así como hay un “envejecimiento” biológico, que nos va dejando “huellas” en el cuerpo, hay otro envejecimiento que no depende precisamente de la “cronología del tiempo” que va pasando, sino que es el que nos va dejando “huellas en el alma”, es lo que podemos llamar “vejez espiritual” y que nos puede llegar en cualquier momento, aún en medio de nuestros jóvenes años. Esto se manifiesta precisamente cuando vamos perdiendo nuestras motivaciones, nuestras ilusiones en la vida, cuando las verdades de nuestra fe como que se van transformando en algo “muerto” y no nos entusiasman.

Es allí cuando el darnos cuenta que el Espíritu puede “renovarnos”, nos puede dar un interés nuevo, puede hacernos que aparezca nuevamente nuestra “juventud espiritual”.

Alguien dijo alguna vez algo como que “somos tan jóvenes como lo es nuestra fe, nuestra confianza en Dios y tan viejos como lo es nuestro abatimiento”.

Hoy, como en el día en que descendió sobre los Apóstoles, el Espíritu Santo puede realizar en nosotros el mismo “milagro” que hizo sobre el apóstol Pedro y sus compañeros: transformarlos de personas abatidas, con miedo e incertidumbre ante la muerte de Jesús, en personas que comprendieron y valientemente comenzaron a “dar testimonio de lo que vieron y oyeron”.

Hoy también nuestro mundo necesita de personas que se dejen llenar y convencer por el Espíritu y testimoniar con sus palabra y con sus vidas que hay una esperanza, que a pesar de tantos dolores, de tantas angustias, de tantas dificultades, no todo termina en lo que vemos, sino que el ser humano ha sido hecho por Dios para poder algún día “descansar en Él”.

La fortaleza que nos trae el Espíritu nos hace ser testigos de que no tienen miedo de mostrarse como seguidores de quien ha dado su vida por los Hombres, como tantos hombres y mujeres que a lo largo de la historia pudieron mantener su “juventud espiritual” y entregarse al servicio de los demás. Este es el testimonio que hoy necesita nuestra sociedad.

Padre Oscar Pezzarini
Superior Provincial de la Obra Don Orione en Argentina, Paraguay, Uruguay y México

 

El Padre Oscar Pezzarini nos hace pensar junto al Padre Leonardo Abregú los días sábado de 8 a 12 hs. (hora argentina, GMT-03:00) en "VENTANA A LA VIDA" el programa radial de Don Orione que conduce en FM PROVIDENCIA, 90.3 MHz con la colaboración de los residentes del Cottolengo de Claypole (Raúl Romero, María Laura Andrada, Alberto Zoroch, Américo Torres), con la producción de Roberto Beluzzo y la Operación Técnica de Ignacio Cavalli. También puede acceder directamente a FM PROVIDENCIA desde aquí.

Pequeño Cottolengo Don Orione
 0800-333-6746 desde Argentina, o +54 (11) 4268-7722 desde el exterior.

Premios Magnificat 2006

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