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Mar del Plata, domingo 19 de abril de 2009

Padre Oscar Pezzarini
Padre Oscar Pezzarini

Ser misericordiosos

El segundo domingo de Pascua ha sido designado hace algunos años como el Domingo de la Divina Misericordia por el Papa Juan Pablo II. Es una oportunidad más para que todos reflexionemos sobre el maravilloso regalo de la Misericordia de Dios para con el ser humano, que lo llevó a “entregar a su propio Hijo” y es también una invitación a que “seamos misericordiosos para alcanzar misericordia”. El mensaje de la misericordia no es algo nuevo, es un recordarnos lo que siempre hemos escuchado y Dios nos ha trasmitido: que Él es misericordioso y nos perdona y que nosotros también debemos ser misericordiosos y perdonar. Claro que todo esto no es fácil realizarlo si no contamos con la ayuda de Dios, con su Gracia que nos auxilia y además nos hace darnos cuenta que también nosotros necesitamos ser objeto de la misericordia de Dios. Hace falta entonces la virtud de la Humildad para comprender que necesitamos el perdón, y después poder ejercerlo con nuestros hermanos.

El segundo domingo de Pascua ha sido designado hace algunos años como el Domingo de la Divina Misericordia por el Papa Juan Pablo II, a partir de mensajes recibidos por una religiosa polaca llamada Faustina, donde el Señor le habla durante mucho tiempo de la Misericordia y también le pide que pinte un cuadro con la imagen que ella veía.

Pero esta Fiesta va más allá, porque no deja de ser una oportunidad más para que todos reflexionemos sobre el maravilloso regalo de la Misericordia de Dios para con el ser humano, que lo llevó a “entregar a su propio Hijo” y es también una invitación a que “seamos misericordiosos para alcanzar misericordia” (cf. Mt 5, 7).

El mensaje de la misericordia no es algo nuevo, es un recordarnos lo que siempre hemos escuchado y Dios nos ha trasmitido: que Él es misericordioso y nos perdona y que nosotros también debemos ser misericordiosos y perdonar.

Por un lado entonces es algo que nos debe llenar de confianza, al saber que Dios tiene una misericordia infinita, capaz de perdonar todas nuestras faltas por grandes e “imperdonables” que nos parezcan y también es capaz de perdonar a todo hombre que confía en su misericordia.

Por eso nosotros debemos confiar, acercarnos y pedir perdón, pero también nos exige ser capaces de perdonar a los demás, más allá de lo fuerte y dolorosa que sea la ofensa, para entonces sí poder “obtener misericordia”.

Pero en cuántas situaciones nos encontramos en que se nos hace difícil ejercer esta misericordia, qué difícil se nos hace muchas veces perdonar y dejar que juzgue quien deba hacerlo.

Es muchas veces más fuerte en nosotros ese sentimiento en el que nos encerramos diciendo que “tenemos razón”, antes de mirar al hombre pecador y no quedarnos sólo en el pecado.  Y es el hombre quien necesita del perdón, el de Dios y el nuestro, pero este último porque nos hace bien a nosotros, ya que al perdonar nos sentimos liberados.

Claro que todo esto no es fácil realizarlo si no contamos con la ayuda de Dios, con su Gracia que nos auxilia y además nos hace darnos cuenta que también nosotros necesitamos ser objeto de la misericordia de Dios. Hace falta entonces la virtud de la Humildad para comprender que necesitamos el perdón, y después poder ejercerlo con nuestros hermanos.

Que podamos irradiar por medio de nuestras acciones, palabras y Oraciones la misericordia de Dios hacia nuestros hermanos, por eso nos confiamos humildemente a Jesús Misericordioso.

Padre Oscar Pezzarini
Párroco de la Parroquia San José en Mar del Plata
anteriormente Superior Provincial de la Obra Don Orione en Argentina, Paraguay, Uruguay y México

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