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Editorial > Archivo de Editoriales ![]() Mar del Plata, 14 de junio de 2009
La Fiesta del Amor de JesúsEl mes de junio es uno de los meses del año, diría, “más católicos” en cuanto a las distintas celebraciones que se realizan durante este mes: Es el mes del Sagrado Corazón de Jesús con su fiesta central, celebramos el Cuerpo y la Sangre de Jesús, la Fiesta de los Apóstoles columnas de la Iglesia, San Pedro y San Pablo, donde también recordamos el día del Papa, y también algunas otras celebraciones, como la Santísima Trinidad que este año está también dentro de este mes. Sólo voy a referirme a la del Sagrado Corazón de Jesús, como una oportunidad para reflexionar sobre el infinito amor de quien nos demostró que “no hay mayor amor que dar la vida”. Ese Corazón de Jesús está hoy en tantos hermanos nuestros que esperan que nos acerquemos, que les ayudemos a tener una oportunidad para incorporarse al camino de la vida y que no queden al borde, como excluidos, con hambre de pan, de educación, de afecto, de posibilidades, de dignidad. Al Corazón de Jesús le pedimos que haga el “nuestro semejante al suyo”,, y permítanme especialmente poner en ese Corazón al P. Julio en estos momentos difíciles, cuando el accionar de una justicia que no comprendemos en su manera, lo hace continuar con un calvario del que todos creíamos que ya estaría librado, que pueda encontrar en ese Jesús el refugio, el consuelo, la fortaleza y la esperanza por una justicia “justa”.El mes de junio es uno de los meses del año, diría, “más católicos” en cuanto a las distintas celebraciones que se realizan durante este mes: Es el mes del Sagrado Corazón de Jesús con su fiesta central, celebramos el Cuerpo y la Sangre de Jesús, la Fiesta de los Apóstoles columnas de la Iglesia, San Pedro y San Pablo, donde también recordamos el día del Papa, y también algunas otras celebraciones, como la Santísima Trinidad que este año está también dentro de este mes. No voy a referirme a todas, sólo a la del Sagrado Corazón de Jesús, que lo recordamos también con “su” mes, y es una oportunidad para reflexionar sobre el infinito amor de quien nos demostró que “no hay mayor amor que dar la vida”. Además de reflexionar sobre ese Amor misericordioso de Jesús que nos llena a todos, es también una oportunidad para revisar los sentimientos de nuestro propio corazón, de cómo hacemos presente el amor de Jesús amando a nuestros hermanos. Muchas cosas las comprenderíamos mejor, o la aceptaríamos de otra manera si pudiéramos siempre refugiarnos en ese Corazón lleno de Amor y que tanto hizo por los hombres. Ese Corazón de Jesús está hoy en tantos hermanos nuestros que esperan que nos acerquemos, que les ayudemos a tener una oportunidad para incorporarse al camino de la vida y que no queden al borde, como excluidos, con hambre de pan, de educación, de afecto, de posibilidades, de dignidad. Es doloroso pensar que en la “tierra bendita” del pan haya tantos que penan por un poco de alimento, y tantos otros que no reciben lo suficiente para poder crecer y desarrollarse como corresponde. Y ante eso, sin dudas que el Corazón de Jesús clama y nos exige a nosotros respuestas, a todos, a quienes tienen responsabilidades en el ámbito que sea y de la manera en que podamos participar: sea con decisiones políticas o sociales, con la capacidad de saber compartir lo que tenemos, de distribuir lo que recibimos y de poner al servicio tantas capacidades y posibilidades que tenemos. Cuando decimos “corazón” lo solemos utilizar para expresar los sentimientos más profundos, es algo que sin dudas nos conmueve, a tal punto que cuando vemos a alguien actuar de una manera muy mala, llegamos a decir: “no tiene corazón”. Creo que es oportuno preguntarnos cómo está nuestro corazón al respecto. ¿Lo tenemos? Cómo reaccionamos ante tantas situaciones con las que nos encontramos cada día es la medida para darnos cuenta de cómo tenemos el corazón, en la medida en que hagamos algo por alguien que este necesitado, nos daremos cuenta si nuestro corazón va camino a asemejarse al de Jesús. Al Corazón de Jesús le pedimos que haga el “nuestro semejante al suyo”,, y permítanme especialmente poner en ese Corazón al P. Julio en estos momentos difíciles, cuando el accionar de una justicia que no comprendemos en su manera, lo hace continuar con un calvario del que todos creíamos que ya estaría librado, que pueda encontrar en ese Jesús el refugio, el consuelo, la fortaleza y la esperanza por una justicia “justa”.
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