|
Sobre nosotros > Espiritualidad > Carta de Irene
Hija espiritual del Padre Pío
Vitinia, 2 de septiembre de 2005 01:30 de la madrugada
Querido Padre Grassi,
Es la 01:30 de la mañana. Jesús y Padre Pío no me dejan dormir y me levanto para mandarle un mensaje en ocasión de las celebraciones de San Pío de Pietrelcina y para hacer conocer su espiritualidad. Hijo de San Francisco, el Padre Pío fue el Santo que llevó en su carne y en su espíritu los signos de la Pasión de Jesucristo por 50 años, perdiendo cada día dos tacitas de sangre a pesar de sus continuos ayunos; sufrió para ayudar a los que sufren en el alma y en el cuerpo; y fue y sigue siendo uno de los profetas más grandes de todos los tiempos.
Padre Pío no era sólo Padre sino que era también Madre porque muchas veces para salvar a las almas las hacía nacer de nuevo como lo hizo conmigo. El día en que nacía mi primera hija (17 de abril de 1968, a las 4 de la mañana) me estaba muriendo; el Padre Pío se me apareció en bilocación en la clínica en la que estaba internada; por una serie de complicaciones, para los médicos no había más nada que hacer. Vino el Padre Pío (en esa época estaba todavía vivo) y bendiciéndome me dijo: “Mientras me asomo a mi ventanita (se refería a la ventana de su celda) y bendigo al universo-mundo, la primera bendición es para ti, hija mía, porque te hice nacer a la sangre de Nuestro Señor. ¿Cómo puedes pensar que no te salvarás? Yo te salvaré”. Y yo me salvé junto con mi hija contra toda previsión humana y científica.
El Padre Pío, el Santo de Dios, salvó muchísimas almas, en el cuerpo y en el espíritu. Hombre de oración y de Fe, el Santo de la Esperanza, el Santo de la Caridad. Es por estos privilegios de amor y de obediencia incondicional a Nuestro Señor Jesucristo y a la Iglesia que podemos llamarlo “Padre”, un padre que nos toma de la mano y nos conduce a Dios.
El Padre Pío fue para la humanidad un don de Dios, un maestro de Fe y de Amor que nos ayuda a contemplar a Dios, a descubrir que cada uno de nosotros estamos llamados a la santidad y a una misión que debemos realizar; el Padre Pío debe ser para nosotros un modelo para imitar, para caminar con Jesús hacia la santidad. La santidad es la presencia del Espíritu Santo en nosotros, es pedirle a Dios una continua conversión. El compromiso de seguir a Jesús y al Padre Pío consiste en “aceptar el sufrimiento de la cruz porque bajo la cruz se aprende a amar” (como el Padre Pío nos decía siempre) y aquellos que quieren ser Discípulos del Padre Pío deben acoger con humildad este mensaje volviéndolo parte de su vida y rezar siempre, porque la oración salva!! El Padre Pío fue co-redentor. Imitémoslo en la humildad, la paciencia, soportemos el dolor y las humillaciones alimentándonos con el Pan de Vida, la Eucaristía. El Padre Pío nos dice que llevemos a Jesús y a su Evangelio por los caminos del mundo sin miedo y respeto humano y Jesús, en su infinita Misericordia, salvará a todos los hombres.
Siguiendo el modelo de Jesús, el Padre Pío fue un Padre misericordioso que esperó siempre con paciencia a los hijos que se perdían, impartiendo el Sacramento de la Confesión. Siempre disponible con los penitentes, modelo de los confesores y mártir del confesional (confesaba hasta 18 horas por día) liberaba al hombre del mal y sufría muchísimo cuando el hombre no entendía; condenaba al pecado pero amaba al pecador, cargando con los pecados de los hermanos como Jesús y por este motivo fue llamado “el Cirineo para todos”.
Querido Padre Grassi, el Padre Pío ya es Padre de la Argentina y ser llamados a honrar a San Pío de Pietrelcina es una gran predilección del Señor. El Padre Pío es un faro de luz para todos los hombres, también para aquellos que tienen otras costumbres y otras religiones pero que desean amar al Creador.
Y es por el gran amor del Padre Pío por Jesús Crucificado y por la humanidad que la Iglesia de Roma aprobó un Decreto para la institución de los “Discípulos del Padre Pío”, un movimiento eclesial que quiere devolver a cada hombre la esperanza en un mundo mejor. Hoy vivimos en un contexto de perdición, soledad y confusión de ideales. La tecnología, la ciencia, el deseo de poseer, de alcanzar la gloria terrena nos hicieron olvidar la existencia de Dios Creador y Amor y con la arrogancia de nuestro orgullo muchos de nosotros somos indiferentes a la llamada de Jesús a seguir Su Evangelio que nos lleva a amar a Dios y a nuestro prójimo como nosotros mismos.
Querido Padre Grassi, con su amor y sus enseñanzas, estoy segura de que el pueblo argentino llevará a Jesús y a su Evangelio por los caminos del mundo. Este es mi deseo de todo corazón por la gloria de Dios y la salvación de la humanidad.
Quiero además felicitarlo por la gran obra a beneficio de los niños que lleva adelante a pesar de todos los obstáculos. Esta obra será siempre más grande y obtendrá muchos frutos espirituales y temporales. Buen trabajo, querido Padre; Jesús y el Padre Pío lo llevarán siempre en sus brazos y lo acompañarán siempre a todo lugar donde irá y cada paso que dará.
Reciba también un agradecimiento profundo y sincero por la válida contribución que con la Asociación Padre Pío da al proyecto de los discípulos del Padre Pío, el nuevo fermento de la Iglesia que trascenderá, superando los confines de todos los Continentes.
Afectuosamente,
Irene Gaeta
|