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Perfil del Educador de Felices los Niños

“LA EDUCACION ES COSA DEL CORAZON”
NOS ENSEÑA NUESTRO INSPIRADOR DON BOSCO

La comunidad educativa de la “Fundación Felices los Niños” está continuamente creciendo y son necesarias personas que animen su proyecto educativo – pastoral. Los animadores con el corazón oratoriano de Don Bosco asumen la propuesta educativa de la Fundación y animan e impulsan su realización.

Es necesario decir que nuestro sistema educativo se apoya en el sistema preventivo de Don Bosco teniendo como fundamento tres pilares insustituibles: la Razón, la Religión y el Amor.
Educar según el estilo de Don Bosco
Educar según el estilo de Don Bosco

  • Razón que se manifiesta en los distintos momentos de la vida: el estudio, la disciplina y la corrección, si alguna vez hubiera que aplicarla. Razón que se manifiesta en la presencia continúa entre los niños y jóvenes, en el diálogo abierto, en la confianza que se regala, en el optimismo.
  • Religión como principio y meta de su actividad educativa. Religión alegre que incluye a los niños y jóvenes a la vida espiritual a través de los sacramentos y a través de una entrañable devoción a la Virgen Auxiliadora, el Sagrado Corazón de Jesús y nuestros dos patronos: Don Bosco y el Padre Pio.
  • Amor, sentido y manifestado. "Que los niños y jóvenes no sólo sean amados, sino que se den cuenta de que se les ama". El amor significa comprensión, respeto a la autonomía y capacidad para interpretar las necesidades de cada uno de ellos en todo momento. Amor que conduce a gastarnos y desgastarnos día a día por ellos.

El animador no es tanto quien dirige o quien dispone, sino alguien que camina con cada niño y joven, descubre con ellos, se deja cuestionar y sabe proponer, con entusiasmo y firmeza, nuevas metas de maduración. Es alguien que ha hecho experiencia del proceso educativo que anima y está respondiendo a una vocación que le hace madurar. Una vocación que sin duda proviene del Buen Dios.

Educar según el estilo de Don Bosco

En la acción educativa nos inspiramos en la experiencia de Don Bosco y nos basamos en el estilo Salesiano:

He aquí sus características fundamentales:

  • Promueve experiencias positivas, tratando de responder a las aspiraciones e intereses más profundos de los niños y jóvenes. (criterio preventivo)
  • Crea un ambiente educativo como transmisión de valores tales como la alegría y el optimismo, la entrega, el servicio y la solidaridad. (ambiente educativo)
  • Abre sus brazos a cada uno incondicionalmente, tal cual es, creando lazos de familiaridad y confianza, siendo padre y madre de cada uno de ellos. (relación personal)
  • Hace posible la presencia y convivencia de niños y animadores, participando de la vida y de las inquietudes de todos y ofreciendo elementos para una continua maduración de las personas. (comunidad educativa)
  • Recurre a las fuerzas más profundas y personales de cada uno: la razón, el corazón, la felicidad y el deseo de Dios. (estilo educativo)

¿En que consiste el papel del Educador en Felices los Niños?

Está en continuo movimiento animando creativamente el proyecto educativo- pastoral, haciendo que los niños y jóvenes sean promotores y artífices de sus actividades, ya que el centro de la educación es la persona, esto nos conduce a:

  • Tener una visión positiva de cada uno de los niños y jóvenes de sus capacidades, animándoles a crecer día a día.
  • Amar a cada uno de ellos como es, con sus defectos y virtudes, esperanzas, deseos y expectativas.
  • Cuidar el crecimiento de cada uno de ellos y favorecer la maduración de su propio proyecto de vida.
  • Vivir de cerca la realidad de los niños, dedicar tiempo a estar con ellos, compartir y apreciar lo que les gusta y favorecer para que cada uno pueda madurar según su propio ritmo y no a un ritmo general impuesto.

Crear...

  • Un ambiente de confianza entre niños, jóvenes y educadores, escuchando sus sentimientos, sus miradas, sus gestos, sus emociones, en el que todos se encuentren a gusto, aceptándose a si mismos y a los otros, valorando la realidad propia y la de los demás.
  • El espíritu de familia, que fortalece a las personas y les ayuda a superar las dificultades, para que cada uno se sienta como “en Casa”.
  • El clima de alegría y el sentido de la fiesta, que favorece el optimismo y la visión positiva de la vida.
  • El sentido del deber y de la responsabilidad, como forma concreta de entrega personal y de servicio a los demás.
  • Un espíritu de fe que favorezca la relación de amistad con Jesús Amigo.

Vivir la fe y los valores evangélicos

Nuestra propuesta educativa se fundamenta en la Fe y en los valores Evangélicos.

El mensaje del educador será creíble y gustoso en la medida que los niños lo vean encarnado en sus gestos, en su modo de vivir, hablar, enfrentar los problemas, perdonar. La fuerza del Educador radica en su testimonio, en una vida afincada en Dios, porque lee la historia y la vida desde la Palabra de Dios.

El educador: “una vocación desde el amor, para el amor, en el amor”

Solo se entiende la vocación del educador desde un amor, que, como el de Dios, ama primero aún sin conocer y que al amar da vida.

El amor es personal y personalizante, Dios llama a cada uno por su nombre, el educador conoce a cada uno y lo ama en su individualidad, tratando de hacer crecer sus potencialidades y corrigiendo sus errores y deficiencias.

El amor del educador debe ser universal, sin distinción ni diferencias, un amor que une, que crea la comunión, y realiza la comunidad.

El amor recibido generosamente y el amor compartido con los demás interpela e invita a dejar actitudes egoístas, abre a un modo nuevo y creativo frente a la vida de los otros y crea relaciones transformantes.

El amor exige entrenamiento, el educador debe buscar ser querido por los chicos, no desde una actitud de inmadurez afectiva o de demagogia, sino para crear un verdadero vínculo que permita que su palabra y sus criterios sean aceptados, para poder ser nexo de unión entre los distintos integrantes de la comunidad, para que sea signo referencia clara del cariño paternal de Dios.

El vínculo creado, el amor generado en los niños y jóvenes no tiene como meta la persona del educador, sino que él es el puente, la referencia religiosa concreta que le permitirá vislumbrar el amor, el cuidado, la justicia, el perdón del buen Dios. Hacer amar al buen Dios. (Don Bosco)

El amor verdadero no es sólo afectivo sino que su efectividad se reconoce porque ayuda a madurar, a crecer, a ser mejores. La vida comunitaria realizada desde un amor al estilo de Jesús es el lugar donde los chicos y jóvenes se ayudan a crecer potenciando y compartiendo lo mejor de ellos mismos.


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